Carta al ministro Grapperhaus

(La historia detrás de esta carta: El ministro Grapperhaus es el ministro de seguridad y justicia, el que nos impuso las reglas del distanciamiento por el Corona. Se casó la semana pasada y fue fotografiado en secreto abrazando a sus amigos, y con sus 40 invitados demasiado apretaditos... Salió hoy en el periódico AD Den Haag, en holandés)

Estimado ministro Grapperhaus,

Como me gustaría ser como usted.

Porque a mí también me gustaría que no me importaran una mierda las reglas que usted mismo nos impuso. Pero no puedo, porque no soy usted (o ministro o político o millonaria). Ojalá yo también pudiera invitar a cuarenta personas a la presentación de mi libro, pero no puedo, porque, a diferencia de usted, tengo que respetar las reglas.

In the paper AD from Den Haag, I read last week that “the spokesman for Mayor Van Zanen emphasized: “We are on top of it and will continue to monitor, but all restaurants and cafes are responsible themselves” and that “even if customers or entrepreneurs deliberately ignore the corona rules, the location can be closed.”

Y eso me da rabia, mucha rabia. Tengo que hacer la presentación de mi libro en la frialdad de la distancia, 1,5 metros entre cada invitado, lo que reduce el número de personas en la sala a dieciocho. Es mi responsabilidad, como dijo el alcalde de Den Haag. Es nuestra responsabilidad, pero no la suya, señor ministro.

Ojalá pudiera ir yo por ahí dando la mano y abrazando a mis amigos, pero si lo hago y alguien sale positivo del corona después, seré yo la culpable del cierre del lugar y de las multas (390 euros por persona). Y no quiero hacerles eso al local, porque yo también trabajo ahí. Mi sustento depende de que ese lugar esté abierto.

¡Qué suerte que tiene, ministro Grapperhaus! Le salió una verdadera ganga, en lugar de 390 euros multiplicados por 40, sólo pagó por dos. Qué suerte.

Me gustaría ser un ministro como usted, ministro Grapperhaus, para que no me importen un bledo sus estúpidas reglas en las que ni siquiera usted cree ya. Nadie cree en sus estúpidas reglas, pero debemos seguir viviendo según ellas a menos que queramos pagar la multa, o ser arrestados o nuestras tiendas y lugares de trabajo, cerrados.

Pero no usted, ministro Grapperhaus. Qué suerte.

Le deseo lo mejor, ministro Grapperhaus, pero sepa que, a nosotros, los ciudadanos, tampoco nos importan una mierda sus reglas. Y nuestra paciencia tiene un límite.

Disfrute de su vida de casado, ministro Grapperhaus.

Sinceramente,

Cuca Esteves