La courgette de oro

17 de Abril de 2020

Hoy fui a lo de Noa a llevarle las compras. Está en Francia estancada con el virus y por el virus y vuelve hoy.

Con el virus, porque se lo contagió durante los ensayos de una ópera, en Estrasburgo, junto con la mitad de la producción. El estreno iba a ser este sábado pasado, pero se canceló, por supuesto, como todo.

Y por el virus porque, una vez que se enfermó, se tuvo que quedar acuarantenada por más de dos semanas en ese depto. que alquiló por Airbnb para estar ahí durante los ensayos de la ópera que se canceló. Tenía planeado volver el sábado en avión desde Basilea, pero eso también se canceló.

La vi por video el sábado cuando le fui a regar las plantas. Estaba demacrada, exhausta. Se le notaba en la cara que no había estado bien. Entonces no sabía todavía cuando iba a volver. Me contó que le costó conseguir que le mandaran un médico a verla. La primera vez que llamó, le dijeron que no hacía falta que la viera el doctor, que se quede en casa y tome paracetamol. La segunda vez, después de casi una semana de fiebre, dolores varios y toz, al escucharla tan desahuciada decir que nadie la había visto todavía, se horrorizaron, y le mandaron un médico.

El medico legó tarde a la noche, y ella se sorprendió cuando la saludó en hebreo, Shalom, ella es de Israel. Vino con el barbijo, protección en los ojos, guantes, todo forrado, y le dijo que probablemente era el virus pero que todavía no había llegado a los pulmones. Que el virus tarda 3 o 4 días en pasar de la garganta a los pulmones. Le recetó gárgaras con sal. Y descanso.

Dos días atrás me escribió en Whatsapp que se volvía el miércoles, hoy, que su agente le había conseguido un pasaje. Y me pidió si le podía hacer los mandados antes de que ella llegara para evitar el contacto. Tengo la llave. Ella piensa que ya no es contagiosa porque ya no tiene fiebre desde hace unos días. Pero la pasó mal.

Esta mañana me avisó que el vuelo directo se canceló, que estaba en el tren a París, y que de Paris tenía un vuelo, que esperaba que esta vez no se cancelara porque si no, estaba jodida.

Fui a hacerle las compras al EkoPlaza porque a ella le gusta bio. Con la lista que me dio, llené el carrito, pero no había papel higiénico. Cuando llegué a la caja, me di cuenta de que no había pesado las verduras, entonces voy a la balancita y aprieto el dibujito de una courgette, o zuchini, no sé cómo lo llaman ustedes, zapallitos largos, y apoyé en el 1. Me sale el precio, 4 euros. Lo hago otra vez, otra vez, 4 euros. ¿Qué? ¿Una courgette sale 4 euros?

Voy a la caja y le pregunto al chico, ¿en serio que sale 4 euros? Él va, lo pesa, le sale igual: 4 euros. Es que viene de Italia…

Lo dejé. Después me voy al otro supermercado, el normal, y encuentro courgettes a 2 x 1, por 0,75 centavos. Llevo 2. Voy al papel higiénico, no lo encuentro. Le pregunto a una mujer que estaba rellenando los estantes, y me dice, por allá, pero no hay más. Voy, veo 1 paquete grande y 2 chicos. Me llevo el grande.

Es cierto, es como dice Rutte, el primer ministro de acá: Tenemos papel higiénico como para cagar por los próximos diez años.

Diez años cagando. Y comiendo courgettes a 4 euros la pieza.

Entonces es verdad, estamos cagados.